Silencio, Equilibrio y Ausencia
                                                                                                
Gaspar Galaz C.   Junio , 2011

   La extensa obra de José Basso tiene un punto de partida polémico con su Cinta de Chile (1973) óleo sobre madera, que es un tríptico de 100 x 300 cms. en el cual el artista realiza un trabajo absolutamente geométrico que se produce a partir de cintas pintadas al óleo sobre telas montadas en pequeños bastidores individuales, que van siguiendo distintos caminos o ritmos. A través de esta obra Basso rompe, ya en aquella época, con el concepto de cuadro perimetral, en el cual acentúa de cómo la estructura interna de la pintura — de las cintas pintadas— van estructurando y organizando el cuerpo definitivo de la obra.

   Cuando miramos Cinta de Chile no podemos dejar de recordar al artista norteamericano Frank Stella que es el primer referente del que el cuadro resultante, es o se construye de acuerdo a las tensiones que el mundo interior de la pintura genera en el borde.

   Me parece importante destacar dos obras que van a confirmar lo anteriormente dicho. Uno es La Identidad, 3 Norte  y La Identidad, 3 Poniente, ambos óleos sobre tela del año 2003, en los cuales el cuadro, en tanto objeto, asume la forma de una casa. Basso se encargará de trabajar las luces y las sombras para proponer la ilusión de volumen. Al interior de esa casa cuadro, Basso pinta fragmentos de casas viñamarinas: son las casas dentro de la casa o son las casas al interior de la pintura entendida como recinto propio de la imagen.
 
   Con estas primeras palabras quiero señalar que Basso está atento al ritmo que le va proporcionando su imaginación, pero sobre todo la investigación sobre la iconografía a utilizar: fragmentos de realidad, planos absolutamente abstractos, círculos, aerografías, la utilización de la radiofoto, imágenes que surgen del inconsciente, pero sobretodo el paisaje tanto interior; el de los valles, como también últimamente el paisaje marítimo.

   La orientación estética de José Basso tiene como temática central el silencio, la quietud e incluso la detención del tiempo. Su propuesta apunta a objetivar, ya no sólo el paisaje  como género central de su obra, sino que todo aquello que el paisaje natural nunca ha tenido. En otras palabras, el artista propone un imaginario paralelo al referente, propone desde la construcción pictórica otro “paisaje”: un paisaje mental.

   José Esteban Basso parece reformular una y otra vez la propuesta central de Cézanne, cuando este señalaba que la naturaleza—el mundo de lo dado— y la pintura en el cuadro son dos lenguajes, dos mundos que nunca se tocan. Es decir, ya el francés tenía claro que el artista era un inventor, pero claro esta, un inventor que propone un mundo a partir de lo existente, que es el mundo fenoménico.

   Basso está de acuerdo con esa condición, que finalmente es la condición del arte, es decir, la invención de nuevos códigos para reordenar el caos permanente de la naturaleza como diría el propio Cézanne.  Si nos detenemos con rigor en la propuesta del artista viñamarino percibiremos la tenacidad, la precisión en su manera de resolver el tema mental del paisaje, la forma de trabajar exhaustivamente el dominio cromático, que finalmente es el nudo central de su obra.

   Trabaja en franjas paralelas, generando una delimitación, donde destaca la línea del horizonte, señalando su absoluta horizontalidad para definir dónde esta la división de los dos mundos, por un lado la tierra y por otro el universo.
 
   Basso profundizará la relevancia de sus franjas de colores que pueden ser una, dos, tres, cuatro, y en cada una de ellas va asumiendo una luz y una sombra distinta, donde se van organizando los colores fríos que van construyendo el concepto de “distancia” y “lejanía”. Todo esto se plantea en cuadros de grandes formatos acentuando con ello la presencia de lo pictórico. Esta construcción casi matemática que proponen  las franjas geométricas es una parte importante en la construcción pictórica de Basso. Esto lleva al espectador a asumir el concepto de compresión de la realidad. Una realidad sintetizada que habla del total, de un mundo exterior, que en Basso se convierte en una suerte de modus operandi proveniente de una memorización o “asimilación”  de lo que ha procesado desde muy joven. El concepto de síntesis, ese esfuerzo del artista por llegar a expresar con los elementos mínimos la complejidad y lo inalcanzable del mundo fenoménico.

   Lo que sucede es que Basso no construye sus paisajes con puntos de fuga, ya que en su obra prácticamente ese mecanismo no existe. Esta suplantado por planos de grises verdosos, azulados con dejos de ocre, a través de los cuales organiza rigurosamente la espacialidad de su obra.

   En toda esta estructura pictórica geometrizada, destacan otros elementos: La casa rural, el árbol, el silo, los cuales conforman cada uno en su momento, el punto hacia el cual el ojo del espectador viaja y se detiene. Estos elementos, sobre todo las casas, están siempre en la línea del horizonte; remarcándolo. 

   Visto así, estos galpones absolutamente geométricos, casi como paralelepípedos y cilindros, se convierten en el punto central de atención del espectador, ya que ahí esta la “residencia” de los permanentemente ausentes en la obra de paisajes del artista: el ser humano. Este punto lo veo como ineludible, es decir, mientras más miramos las obras de este artista, la marcada ausencia del ser humano se convierte efectivamente, tal vez, en la trama oculta de sus paisajes. De ahí el silencio, de ahí la melancolía absoluta, en esos paisajes llenos de luz, de sombra, de amarillos luminosos, de días de verano, donde el otro personaje, el árbol se va convirtiendo lentamente en el otro, en el sustituto, en la cita del ser humano.

   Las casas, los silos e incluso los árboles, ubicados en el primer plano, construyen estos paisajes de increíbles distancias, generando espacios de una enorme densidad presencial, ya que hay una estructura fáctica dada por el color y por la manera en la que el artista organiza los elementos centrales de toda su obra, es decir los planos estructurantes.

   Otra característica propia del artista es que los distintos planos de colores están construidos —y el pintor lo hace notar— pincelada por pincelada, que van estructurando manchas como pixeles, que van organizando, ordenando, toda la problemática luz/sombra que en su obra se convierte en una propuesta esencial. Colores primarios y secundarios se funden en los propios planos, pero también se distancian para constituir y organizar el concepto de espacio.

   Las últimas obras del artista son también de gran formato y llegan prácticamente a la abstracción, a privilegiar de manera radical la luminosidad u oscuridad del mar en la mitad horizontal del formato, la otra mitad superior, es el cielo cuya presencia pictórica esta dada por una aguda planitud de lo pintado: en el medio de ambos planos de color hay una pequeña franja que puede ser perfectamente la luz del sol cuando sale entre las nubes a la hora del ocaso.

   El paisaje marino ha eliminado el árbol, y en su lugar, casi en el centro mismo del formato, hay un barco en el límite del horizonte lejano, pequeño; pareciese ser el punto de referencia, es decir, una vez más el artista pone una imagen para que definitivamente el cuadro en su totalidad se convierta en un paisaje.

   En palabras del artista: “Estos nuevos cuadros son un traslado del horizonte de la carretera, al mar. Al revés de cómo era antes, que había un traslado del horizonte del mar al borde de la carretera.”


   Lo cierto, es que la obra de Basso es una obra compleja, aparentemente sencilla, muy clara y precisa en su organización, sin embargo esos mismos elementos son los que van construyendo las metáforas de las cuales habla su producción: el silencio, el inquietante equilibrio, la armonía y  la marcada soledad.

   El resultado de su investigación plástica se objetiva en la invención de una iconografía, que partiendo desde el mundo fenoménico, lo transforma en ese momento intermedio entre el cuadro naturalista y la abstracción absoluta. Su pintura se mueve en ese mundo particular, donde la naturaleza es solamente un concepto que habita la pintura. El esfuerzo de Basso es construir una pintura que hable también de si misma, de los problemas de la pintura, con referentes mínimos.


   El artista deja instalada la pregunta en torno a la representación, ya que su trabajo sistemáticamente la niega: suprime el naturalismo representacional y va justamente con su proceso, a capturar la esencia de lo fenoménico a partir de la síntesis. Sus paisajes nada tienen que ver con los paisajes, tienen que ver en como el espectador se compromete con las preguntas por los límites de lo presentado como ficción: como pintura. En la relación obra / espectador, como posibilidad que tiene este último de acceder a las interrogantes  que emanan de la obra: el obsesivo equilibrio y el silencio existencial.